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UN ANGELITO DE LA GUARDA: lo que el VIH me dejó

vihCuando intento hablar de VIH se me vienen a la mente muchos amigos y conocidos que ya partieron, gente honesta, linda de alma y de corazón que, por diversos motivos, dejaron de cuidarse y se contagiaron. Esas son para mi, partidas de angelitos que hoy me acompañan y que me dejaron una gran enseñanza de vida.

Nunca pensé que una enfermedad fuera capaz de lograr un sufrimiento tan grande en mi alma. Como artista, siempre veo el color plasmado en todos lados: en lienzos de pinturas, en los contornos de cada escultura y, por supuesto, en el rostro de cada mujer que logro maquillar día a día; el color está siempre. Y con él mi alegría al despertar, ya que sé que con pinceles y mucho cariño puedo cambiar el ánimo de cualquier mujer. Así que en cuanto suena la alarma por las mañanas brinco de la cama y corro a la ducha; debo apurarme, porque sé que mientras menos me demore, más chicas podrán sonreír al verse guapas.

Y así cada día de mi vida, salvo uno, el día en que Jorge ‘Patas Flacas’ partió. Ese día fue diferente, muy diferente para mi.

Me remonté a esos tiempos de invierno. No pretendía conocer a nadie y apareció Jorge Patas Flacas, haciendo honor a su nombre; un tipo de 1,80 metros, flaco como un tallarín. Me sonrió y me habló de música, arte, revistas, moda y me invitó a comer comida chatarra, transformando ese día en uno inolvidable.

Fuimos amigos del alma y compartimos momentos de mucha sinceridad, en los cuales confesó sus secretos de familia con una copa de por medio, lloró su angustia por trabajar en algo que no disfrutaba, y me reveló su pasión, quería ser maquillador, pero no acá. Y Jorge Patas Flacas se fue de Chile.

Sin pensarlo mucho compré un ticket de avión y me fui a su lado. Le enseñé el arte del maquillaje sin guardar ningún secreto (mis amigos, para mi, siempre deben ser los mejores en todo), así que logré un pupilo de excelencia.

Cuando volví a Chile estaba contento de tener un nuevo colega, sin embargo, algo me decía que algo no andaba bien: la soledad de Jorge se plasmaba en su arte de maquillar y en sus palabras; no todo era alegría, el color no era explosivo, sino obligado, mi sexto sentido me advertía que algo estaba mal. Y así fue.

hombre-soloEstar lejos de Chile, de su familia y amigos tuvo un alto costo para el. Se le vino la soledad encima, y con ella la confianza en personas que no la merecían.

Dicen que un preservativo es lejos, el mejor seguro de vida, pero él cegado por el amor de una contraparte que le prometió el cielo y la tierra, que le pintó un mundo perfecto, lo ignoró, viéndolo como un ataque a la confianza.

Y así fue que un día de calor sofocante, Jorge Patas Flacas me confiesa sin preámbulos: “Amigo… tengo VIH”.

Lloré tanto que creo que me sequé por dentro, pero nunca se lo dije, al contrario, solo le di ánimo y esperanza. No sé qué pasó en el camino, pero él falló en sus ganas de vivir. Al descubrir que su pareja le había mentido, se vino abajo, su amor propio cayó al suelo. Y el VIH fue atacando esa pena, un tumor vino de la nada y Jorge Patas Flacas se fue apagando.

Intenté que recibiera el tratamiento, que volviera a Chile, que aceptara ayuda de nuestros médicos, pero él se negaba. Por alguna razón no quería salir a flote. Discutimos fuertemente y cancelé el pasaje que tenía para ir a buscarlo y traerlo del pelo, si era necesario. Y para presionar aún más, le dejé de hablar.

Luego de unos meses, contesto mi celular y una voz sin ningún tipo de tino ni de filtro me dice: “Jorge se murió”. De ahí en adelante solo vi imágenes en círculos y el suelo se me vino a la cara. Cuando desperté, todo en mi era llanto y desesperación. Lloré hasta que no pude más, pedí explicaciones a todos los Dioses de todas las religiones, pero nadie pareció oírme.

Pasaron días, semanas, meses y aún ese dolor está presente. Me siento culpable  de haber desistido en mi lucha por hacerlo entrar en razón, por abandonarlo.

Yo no fui víctima de esta enfermedad, sí del dolor de una de sus partidas, y hasta el día de hoy llevo encima esa gran pena. Hoy me pongo en el lugar de lo que puede llegar a sentir quien padece esta enfermedad, quien es dejado de lado. El dedo acusador lo señala, los besos de mejilla se le niegan y las amistades van desapareciendo. La soledad los envenena impidiéndoles salir adelante.

Amigas, no pretendo dejarlas con una amarga sensación, sino contarles algo real. Quería y necesitaba explicarles que un beso no contagia, que un abrazo da tanta calidez y fuerza que alimenta espíritus. Por eso, si conoces a alguien que cargue el peso de esta enfermedad apóyalo, quiérelo y deja tu corazón abierto.

Mientras tanto yo espero, el tiempo dirá cuando veré nuevamente a Jorge Patas Flacas y nos juntemos para maquillar el cielo de mil estrellas de colores.

Mau

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3 Comments

  • Reply
    Jéssica
    enero 15, 2014 at 3:58 pm

    Gracias por compartir tu experiencia de vida y con tu sensibilidad lograr llegar a tantos y tantas. Gracias por tu alma alegre a pesar de los días grises y también por el aprendizaje que transmites….

    Gracias por compartir un trozo de tu corazón sin ningún tapujo.. , te admiro, acompaño en tu pena y también replico tu voz…

    Un gran abrazo mi querido amigo..

    • Reply
      mauro
      enero 15, 2014 at 6:09 pm

      Que bueno que te haya gustado. La idea de contarlo es crear consciencia de amor, amar a todo el mundo, en especial a un VIH que no contagia por un beso o abrazarlo y mucho menos por apoyarlo anímicamente. Siento que hay demasiados jueces que los señalan.
      Un beso enorme.

  • Reply
    Karina
    diciembre 1, 2015 at 4:02 pm

    Amigo… Gracias por compartir esto, tanto que nos cegamos y nos cerramos a esto!! Eres un valiente y un luchador!! Un buen amigo
    Palabras más lindas para él no hay
    Me dejaste sin palabras

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