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EL MAQUILLAJE DE LUJO

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Muchas mujeres utilizan el maquillaje con la intención de mostrar el sello de la casa de cosmética donde la adquirieron, a otras les da lo mismo con tal de verse lindas. Lo cierto es que la marca es un peso importante al momento de adquirir maquillaje, pero, ¿es tan vital?

Como parte de mi currículum muchas saben que me he desempeñado como Maquillador Oficial de varias marcas de cosmética con representación en Chile, al igual que Entrenador de Línea, lo que implica conocer las matrices químicas de la producción general del área de cosmética de la empresa que representé en su momento. Por otro lado, por contratos para ciertas marcas en algún evento o producción audiovisual he estado obligado a utilizar maquillaje de un precio más cercano al público general y que bordea los $3.000 por pieza. Además, ustedes mismas me muestran sus cosmetiqueros con un sinnúmero de mezclas: una máscara de pestañas de $30.000 junto a un labial de $4.000, que es de lo más normal. Es así como tengo tanta información en la cabeza sobre el tema que quiero tratar que creo que soy un libro de experiencias.

A través del tiempo he notado que las mujeres absorben las campañas publicitarias de las casas de cosmética con una triple visión de búsqueda: el colorido del producto, la seguridad que represente para aplicarlo en la piel y, ciertamente, el logotipo que tenga el frasco. Y es en este último punto en el que me quiero detener: la marca.

Por años he tenido en mis manos frascos de alta cosmética que me han dado la tranquilidad de desempeñar un trabajo seguro, confiado en que la tecnología a la que tienen acceso es de los más altos estándares, generando pruebas químico computacionales certeras, sin embargo, creo que no es la visión de muchas clientas. Hay cierto sector femenino que opta por tener un cuarteto Chanel, una paleta de labiales con el sello Dior en cristales y así vamos sumando, y es que lo que implica tener una pieza de aquellas en el bolso sube el perfil socioeconómico en un arrastre que pasa por arribismo y necesidad de “encaje social”, muchas son víctimas de un sistema que las obliga a ostentar el lujo, esas adoradas marcas son un sinónimo de estatus, tanto como para el hombre es la marca del teléfono celular y, por ende, son parte de la canasta familiar de proyección de imagen.

Esto es innegable, no digo que todas las mujeres sientan esa presión, pero hay muchas que sí lo viven y ven en el logotipo, el lujo en el maquillaje, la seguridad de presentarse como parte de un segmento al que no pertenecen. Pero vamos a lo más lógico, la calidad, ¿es necesariamente la mejor matriz química aquella de laboratorio de lujo? En parte si y en parte no. El precio que tiene una producción de cosmética es una inversión que habla de varios millones de dólares, por tanto, hay marcas pequeñas que no cuentan con la mejor tecnología de desarrollo y análisis de piel, pero pueden mandar sus muestras a laboratorios extranjeros que presten servicios de asesoría, por ejemplo. Y es que quien no cumpla con ciertos requisitos no puede vender su producción entrando en el mercado nacional, el que está regulado por el ISP (Instituto de Salud Pública) en ciertas características y condiciones, entre las que no encontramos, ciertamente, la exigencia de hermosear el frasco ni mucho menos darle un lujo de logotipo. Y ahí es donde paramos nuevamente: el Ministerio de Salud vela porque tengamos encima cierto estándar de seguridad química pero lo que busca cada mujer es un producto que reúna ambas condiciones: seguridad y estatus.

A mi juicio pasa por duración, es una cuarta “patita” de exigencias femeninas, pero, lamentablemente, por $4.000 pesos, ¿se podrá exigir una materia prima que fije mejor en mi rostro? Creo que no.

Y a pesar de que en Chile tenemos la tecnología suficiente para tener producción de un muy buen estándar de calidad no lo hacemos, no hay esa creencia de entrar a competencia de “grandes ligas” y ahí caemos nuevamente en el tema que brota por los poros: el logotipo. Y en este caso ya no es estatus, es simplemente, que los laboratorios nacionales no tienen cómo competir con la gran casa de cosmética internacional, es así como YSL, Chanel, Dior y otras de renombre tendrán la ostentación y el lujo en sus envases, pero, ciertamente, no siempre serán sinónimo de calidad, hay fallas que llevan en ciertos maquillaje que pasan desapercibidos y otros que son altamente reconocidos.

Como le digo a mis alumnos de Maquillaje Pro: un buen Maquillador es capaz de lograr un look de excelencia hasta con maquillaje de payaso, pero la duración es otra cosa. Por eso invito a cada una a ser juez de su propia inversión y testeen personalmente cada producto que quieran adquirir, eso si, teniendo presente que el logotipo de lujo no siempre implica una seguridad de calidad en un ciento por ciento de los casos.

Mau